«A
la luz del Padre, del Hijo y del Espíritu la historia deja de ser
una sucesión de eventos que se disuelven en el abismo de la muerte
para convertirse en un terreno fecundado por la semilla de la eternidad,
un camino que lleva a esa meta sublime en la que "Dios será todo
en todos"». (Juan
Pablo II, febrero de 2000)