25 Dic 1999
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COMO ya alguien comentó por estos "newsgroups", el célebre periodista italiano del diario milanés "La Stampa", Vittorio Messori, ha abordado en su última obra un tema que a los españoles nos coge muy de cerca, y que a simple vista podría parecer chusco a cuantos envueltos en andrajos desprecian cuanto ignoran: el milagro acaecido en el siglo XVII al cojo Manuel Juan Pellicer en Calanda (Zaragoza), merced a la intercesión de la Virgen del Pilar; se trata con seguridad de uno de los prodigios mejor documentados de toda la historia. El autor lombardo ha titulado su obra El Gran Milagro (en España la ha publicado la editorial Planeta en su colección "Planeta-Testimonio"; en la dedicatoria puede leerse: «De un periodista italiano que trata de convencer a los españoles de que su historia cristiana no es una vergüenza sino una gloria») y lleva vendidas en Italia nueve ediciones en menos de un año.
Con motivo de la presentación
de su obra en España, Messori concedió unas declaraciones
tan claras y explícitas a la prensa [yo las he tomado de la revista
mensual "Mundo Cristiano", en su número
correspondiente al mes de noviembre], que creo conveniente darlas a conocer,
y ser yo ahora el que calle:
<<Todos
los incrédulos habían pedido siempre, como un desafío
a los
creyentes,
el milagro de ver cómo una pierna o un brazo eran
reimplantados.
Cuando Zola estuvo
en Lourdes dijo con ironía: «Veo
muchas muletas
y ninguna pata de palo. Hacedme ver una pata de palo y
entonces creeré
en los milagros». Sin embargo eso
ya había sucedido. Ya
lo decía
Buñuel:
«Yo soy ateo, pero a la Virgen del Pilar
y al Milagro
de Calanda
no me los toquéis. Eso sí me lo creo»>>.
<<Un
día conseguí un ejemplar del único libro escrito por
un no español
en 1950,
hecho con seriedad, dedicado a este milagro. Cuando lo leí me
quedé
asombrado porque estaba ante algo que no tenía nada que ver con
una leyenda
piadosa o historia popular, sino un hecho documentado sin
fisuras>>.
<<En
ese lugar pobre y remoto, entre las diez y diez y las diez y media
de la noche
del 29 de marzo de 1640, al campesino Miguel Juan Pellicer,
de veintitrés
años, le fue 'reimplantada' la pierna derecha, repentina
y
definitivamente.
Un carro se la había destrozado, luego se le gangrenó y
en el hospital
público de Zaragoza se la amputaron, cuatro dedos por
debajo
de la rodilla, a finales de octubre de 1637. Cirujano y
enfermeros
cauterizaron posteriormente el muñón con un hierro al rojo
vivo>>.
<<Lo
asombroso de este milagro es la falta de libertad para los hombres
que deja
Dios. Por supuesto que esta afirmación la hago con muchas
comillas,
pero tiene su sentido. Siempre he creído que Dios deja sitio
para la
duda, precisamente para respetar nuestra libertad, para no
obligarnos
a creer. Pero cuando descubrí el milagro de Calanda entró
en
crisis
este esquema. Pasaron dos o tres años de trabajo antes de
extender
los brazos y decir: sí, no hay nada más que decir, la única
hipótesis
razonable en este caso es la de admitir que esta pierna
amputada
fue restituida después de dos años y medio a Miguel Juan
Pellicer>>.
<<El
escándalo del Milagro de Calanda no es sólo el escándalo
de un Dios
que contradice
su estilo, sino que este milagro es un premio al período
más
calumniado de la historia de España: el de la Inquisición,
de la
expulsión
de los moriscos al norte de África, de las guerras en Europa
para defender
la ortodoxia cristiana o la envangelización de América.
Una de
las razones por las que se conoce poco este milagro es el
desprecio
que tenían los iluministas o iluminados del siglo XVII, la
clase intelectual
de Europa, hacia los españoles y todo lo que tuviera
que ver
con España. En aquella época se decía: «¿Sabéis
que en Aragón la
Virgen del
Pilar ha devuelto la pierna a un cojo?»
Y se respondía con
desprecio:
«¡Bah, cosas de España!»>>.
<<Si
negáramos la existencia de este milagro, tendríamos que negar
que
Napoleón
fue emperador francés o que el ejército de Hitler entró
en
Polonia.
Cuando escribí el libro, lo leyó el prof.
Landino Cugola,
traumatólogo
y microcirujano de la Universidad de Verona, y quedó tan
impresionado
que se rindió a la evidencia del milagro>>.
[En efecto,
en el libro de Messori, al final de los testimonios recogidos en las actas
del proceso instruido por el Arzobispo de Zaragoza entre 1640 y 1641, se
incluye la declaración del dr. Cugola: «Lo
que vieron y describieron aquellos españoles del siglo XVII no es
otra cosa que el reimplante de un miembro en toda regla. Todos los detalles
se corresponden con nuestra experiencia profesional»]