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Maria Grazia SILIATO, La Sábana Santa. Una impronta de hace dos mil años, ed. PPC. Madrid, 1998 [2.750 ptas.]
La creo actualizadísima y tremendamente reveladora de los verdaderos entresijos que se ocultan tras el misterio del Sudario de Turín. En consonancia con mi carácter, quizás extraiga más adelante algún que otro pasaje de gran impacto y de contenido polémico; en especial referido a los ámbitos científico, histórico, arqueológico o incluso filológico, de entre los múltiples campos a los que afecta el examen de ese objeto imposible que conocemos como "Sindone". En tal caso, los enviaría a cada grupo sólo si corresponde a su materia específica. Trataré también de que sean sólo algunas citas y puntuales, por el respeto que merece el copyright. Con todo, si se tiene interés, la lectura de esta obra es amenísima y merece la pena adquirirla.
Para centrar la cuestión
sin ambages voy a transcribir, en primer lugar, una vieja cita que aparece
en el arranque del ensayo, y con la que me identifico plenamente. A continuación,
añado la contundente presentación del editor del libro.
Ojalá
el lector -tras las impresiones que los acontecimientos relacionados
con
la Sábana Santa y narrados en estas páginas, hayan podido
suscitar en
él-
consiga situar en una perspectiva más amplia el encendido debate
que
actualmente
hay sobre la misma. Éste no pretende ser un texto de opinión,
aunque
en él se afirmen algunas verdades importantes. Una de ellas es el
mentís
de la hipótesis según la cual la Sábana Santa de Turín
sería un
falso
del siglo XIII. El peso medio por centímetro cuadrado de la Sábana
Santa
es de 25 miligramos; sin embargo, en el punto en el que fue arrancada
la
muestra para la radiodatación ¡el peso es de más de
49 miligramos! Por
tanto,
lo que los expertos del C14 de Tucson, Oxford y Zurich analizaron...
¡fue
un remiendo!
Otra
evidencia es la que se refiere a la naturaleza de las incrustaciones
sobre
el lino. Las decenas de experimentos y averiguaciones de los
profesores
Heller y Adler han
demostrado, fuera de toda duda, no solamente
que
se trata de sangre humana, sino que el color del líquido que ha
sido
derramado
sobre el lienzo es el típico color de los glóbulos rojos
desmenuzados
en la sangre que mana de una herida.
Pero
tal vez la conclusión más desconcertante de los últimos
análisis sea
el
hecho de que la Impronta de la Sábana Santa es el resultado de un
proceso
químico natural del todo similar al que permite la formación
de la
impronta
de la hoja en un herbario. Tanto el lino como el papel están
compuestos
de celulosa, y en mi opinión, saber que en la formación de
la
Impronta
no hay nada artificial ni milagroso es de una importancia
fundamental.
La
autora lleva años investigando en la Sábana Santa y -aparte
las
consideraciones
rigurosamente arqueológicas- siempre le ha parecido que el
argumento
histórico más convincente -porque se basa en el sentido común-
para
sostener la veracidad de lo que la tradición afirma respecto a la
Sábana
Santa es la importancia que reyes, nobles y clérigos siempre han
atribuido
a esta reliquia desde poco menos de un siglo después de la
crucifixión.
Una importancia verdaderamente sorprendente, que llegó incluso
a
ser el motivo de la increíble paz estipulada en el siglo X por el
emperador
Constantino Porfirogeneta
con los árabes; cualquier cosa con tal
de
recuperar la Imagen.
En
estas páginas el lector podrá seguir las increíbles
peripecias que
fueron
acompañando a la Sábana Santa, desde las manos de los primeros
discípulos
de Jesús a las de todos aquéllos que la conservaron después.
Es
más,
creo que no exagero al afirmar que es la primera vez que toda la
historia
de las peregrinaciones de la Sábana Santa es recontruida de manera
completa
y coherente. Aquí se cotejan las distintas fuentes, procedentes
de
varias
épocas, que hablan del Lienzo, aunque a menudo nadie fue capaz de
reconocer
que el tema tratado en esos escritos era la reliquia en cuestión.
Según
la tradición, la Impronta Aqueiropoieta, es decir, "La efigie
de
Cristo
no pintada por manos humanas", llegó a Edesa en el siglo II. Eran
los
tiempos del rey Abgar Manu,
que coincidieron con la terrible represión,
por
parte del emperador Adriano, de la revuelta de Bar-Kochba
(131-135 d.
C.),
que fue la última insurrección judía. Un icono del
siglo V nos ha
transmitido
la presentación del Aqueiropoietos en la corte del rey Abgar,
poco
después de que se abrieran a los prófugos judeocristianos
las puertas
de
la ciudad de Edesa.
En
el icono, Abgar despliega sobre sus rodillas el larguísimo lienzo,
marcado
en el centro por la impronta del Rostro. Ochocientos años más
tarde,
tres siglos después de que la catedral de Edesa -que probablemente
fue
la primera iglesia cristiana- cayera en manos de los árabes, otra
miniatura
retrataba a Constantino VII Porfirogeneta en el acto de acoger el
Lienzo,
con idénticos gestos, a su llegada a la polis, en el 944 d. C.,
en
medio
de grandes festejos.
Según
la historia "oficial", la Sábana Santa desapareció de Constantinopla
durante
el ignominioso saqueo perpetrado por los francos y los venecianos
durante
la cuarta cruzada, el 12, 13 y 14 de abril de 1204. Que la reliquia
haya
estado en posesión de la orden de los templarios a lo largo de casi
todo
el siglo XIII es algo que muy pocos estudiosos de la época se atreven
a
refutar. Es más, hay algunos que la relacionan con la cabeza
que los
caballeros
del Temple fueron acusados de venerar durante los famosos
procesos
que, entre 1307 y 1314, llevaron a la ruina a la poderosísima
orden.
El
Lienzo no volvió a aparecer hasta 1350, como propiedad de los
descendientes
de quienes lo habían sustraído a los bizantinos y
clandestinamente
lo habían llevado a Francia. Poco después, el papa
Clemente
VII autorizó su veneración -reconociendo así de forma
implícita
que
no se trataba de una vulgar falsificación- e inmediatamente oleadas
de
peregrinos
empezaron a llegar a la iglesita de Lirey, en la diócesis de
Troyes.
Cuando los Saboyas compraron la Sábana Santa a la última
heredera
de
los De Charny, Marguerite, la reliquia llegó a Turín, donde
a la
veneración
de los fieles se añadieron por primera vez, desde finales del
siglo
pasado, las investigaciones de los científicos.
El
resto es historia reciente, la excitante historia de un importantísimo
redescubrimiento
arqueológico que a las puertas del siglo XXI nos viene al
encuentro,
acercándose cada vez más -gracias a las nuevas técnicas
de
análisis-
a nuestra comprensión.
Este
libro se propone rellenar en parte las lagunas que existen sobre la
Sábana
Santa, limitándose a informar sobre las polémicas que se
han venido
desarrollando
a lo largo de las últimas décadas entre los investigadores,
y
haciéndolo
de un modo sosegado e imparcial, exento de matices religiosos o
agresivamente
ateos. Así como no hay disensiones entre "creyentes" y "no
creyentes"
respecto a la tumba de Felipe de Macedonia
o a la momia de
Ramsés,
del mismo modo la autora opina que una correcta actitud de sencilla
y
sana curiosidad arqueológica es lo único que puede arrojar
un poco de más
luz
sobre la discusión acerca de la reliquia más famosa del mundo.
La
estructura del libro ha surgido del deseo de combinar, alternando sus
episodios,
dos acontecimientos: el de la Sábana Santa -que tiene una
historia
de veinte siglos- y el de las investigaciones sobre la naturaleza
de
la admirable Impronta, un acontecimiento que pertenece exclusivamente a
este
siglo. En lugar de cargar el libro de notas, haciendo pesada la
lectura,
la autora ha optado por intercalar la narración con partes en
cursiva,
a modo de comentario -hecho a posteriori- del relato.
El Editor.
es.charla.religion, chile.soc.religion, esp.charla.religion, esp.humanidades.historia
N. escribió:
>
Estarás conmigo en que no es una razón de peso la antigüedad;
por esa
>
misma regla de tres el Islam es *más mejor* que el cristianismo.
NO.
No estoy contigo porque aquí
no hablamos de religiones venerables. Hablamos de ciencia, estudio e investigación:
ahí manda la premura. Como en atletismo, las marcas se baten y los
records caen "a todo meter". Y tus citas, Niebla, pertenecen ya
al campo de la paleontología...
>
Además, el trabajo de Siliato no aporta nada nuevo a todo lo que
se ha
>
dicho sobre la Sindone, por lo que las publicaciones citadas en este
>
hilo siguen tan vigentes como antes.
Anda, N., que si no fuera por mí, estaríais todavía dándole vueltas al artículito de Tite en "Nature"...
N. escribió:
>
Referencias, please. ¿En qué revistas científicas
>
han publicado estos señores sus trabajos?
Pero, N., ¿tú
te crees que esta gente se chupa el dedo? Venga, empieza a hacerme la crítica
completa, seria, referenciada, circunstanciada y justificada de los siguientes
trabajos que te relaciono (y es sólo
un botón de muestra):
Sólo en SILIATO,
M.G., Sindone. Mistero dell´impronta
di duemila anni fa (1997) puedes encontrar, bajo el epígrafe
"Sugerencias para ulteriores informaciones":
-------ANTIGUOS
ESTUDIOS E INVESTIGACIONES----------
[Te remito al libro de M. G. Siliato]
----ANÁLISIS
FÍSICOS, FOTOGRÁFICOS Y QUÍMICOS-------
----------------------RADIODATACIÓN--------------------------
----------------PÓLENES-----------------------
----------GÉNESIS
DE LA IMPRONTA-----------
------HISTORIA DEL PRIMER MILENIO----------
[Te remito al libro de M. G. Siliato]
------HISTORIA
DEL SEGUNDO MILENIO---------
[Te remito al libro de M. G. Siliato]
-------SOBRE EL SUPLICIO ROMANO DE LA CRUZ-------
[Te
remito al libro de M. G. Siliato, y ándate con ojo que, como te
pongas
tonto,
te los relaciono toditos para que les hagas la correspondiente crítica...]
>
Migue, me parece que no te has dado cuenta de a
>
quiénes me has puesto; Frei (el de los diarios de Hitler)
Venga, N., no me comas el coco. ¿Ya vuelves a los juegos de tus amigos? El trabajo del palinólogo Max Frei es impecable. Me importa un pepino que defraudara a hacienda, se merendara a dos o tres ancianitas por la tarde y que en sus ratos libres se inventara diarios de Hitler, de Pastora Imperio o de Samantha, la de "Embrujada". Lo vuestro atufa que tira para atrás, colegas.
> y Jackson (un chaval que se dedicaba a obtener imágenes 3D), junto a Kouznetsov
Por mí, como si se hacía lacitos en la punta de las orejas.
> (cuyo artículo aparece rebatido en el mismo número por los del lab. de Arizona),
Para ti está "rebatido" porque es lo que tú quieres oír.
> Rigi (que tomó parte en la toma de muestras para la datación),
Mejor me lo pones.
> la Siliato (que no sabe realizar la media)
Porque tú lo digas.
> y las actas del CIELT. ¡Estamos buenos!
Buenos no: cojonudos.
>
¿Qué tal algo de Jiménez del Oso?¿No ha dicho
nada? También se te han
>
olvidado un par de artículos que aparecieron en Enigmas y Año
Cero.
Anda, N., no disimules. Si en el fondo lo que quieres es que te cite a ti.
>
Voy a hacer como que no he visto nada
>
y te dejo que me lo mandes otra vez.
¿Pero quién coño es Vd. exactamente, Dr. No sé qué? Hace unos días se te llenaba la boca con que si no había referencias, con que si esa gente no había publicado nada y que si patatín y que si patatán. Ahora me sales con los diarios de Hitler y con el 3D en un minúsculo post. Todo como siempre: para no dar la cara y salir de rositas. A freir monas. Y perdona que me despida con un sonoro: bah.